Kilimanjaro 2009
En busca del techo de África
Montes Nevados
Kenya y Kilimanjaro
Por Guillermo Martínez
Los trajes típicos africanos de colores vivos los maravillaban, los velos que hacían juego, los vestidos negros y manos decoradas con hena u otros materiales en las mujeres o los hombres vistiendo túnicas blancas y pantalones con diseños africanos les robaban su atención y el acostumbrado gorritocircular y cuadrado a la vez, de infinita contradicción de sí mismo, les anunciaba y les regalaba en el Aeropuerto Internacional de Dubái, a una pareja de montañistas salvadoreños Roxana y Guillaume Laigle, las primeras pinceladas de lo que sería una importante e inolvidable aventura en las remotas y salvajes tierras del continente africano, buscando alcanzar dos de las cumbres más altas y emblemáticas de este continente, el Monte Kenya en el país al que cede su nombre y el Monte Kilimanjaro en la frontera occidental entre Kenya y Tanzania.
Mientras Guillaume y Roxana esperaban el abordaje de la conexión que los llevaría a Nairobi la capital de Kenya e inicio de su expedición y tras un viaje aburrido de 7 horas desde Amsterdam, ambos salvadoreños se divertían al observar el bullicio y ajetreo que había en esta terminal aérea, que de acuerdo a ellos, en cierta medida les hacia recordar a su similar salvadoreña en Comalapa. “En especial – recuerdan- el área donde se pesa en balanza el equipaje de los viajeros el cual parecía un pequeño mercado” que de acuerdo a los montañistas “estos trataban de convencer de todas las maneras posibles al encargado de realizar esta labor que les dejara pasar el peso en sus maletas afirmando ¨que solo son unas cositas¨ las que llevaban de mas” cuentan divertidos.
La mañana del 5 de agosto, después de un viaje más pintoresco y entretenido que el anterior, llegan a Nairobi la capital keniata. Después del chequeo rutinario en el aeropuerto, abordan un taxi “pirata” que los lleva a un centro de información turística de la ciudad llamado “Big Time” en donde son recibidos por Allan el director de esta institución que se encargara de organizar los detalles de la expedición. Luego de los arreglos necesarios se hospedan en el hotel Greton, que se perfila barato pero será suficiente para servirles de “campamento base” durante las tres diferentes noches que pernoctaran en Nairobi.
Se instalan y preparan las mochilas para las dos semanas que durara la empresa. Toman un breve descanso y minutos después, con la curiosidad natural de estar en una nueva ciudad en la condición de turistas y aventureros salen a conocer las cercanías.
Amanece y la agencia de turismo da inicio con el programa establecido y la expedición de los salvadoreños. Aunque la primera parte del itinerario es eminentemente turística -algo parecido a un safari- ambos están emocionados porque su aventura a comenzado. Pasan temprano por ellos al “Greton” y desde aquí los transportan a una reserva natural situado al sudoeste de Kenya, conocido como Masai Mara. En este lugar, los expedicionarios tienen el primer encuentro con la fauna que ha hecho famoso a este continente como antílopes, cebras, leones, búfalos, elefantes, leopardos etc.
Los 3 días siguientes el ambiente mágico y místico del África salvaje envuelve a Guillaume y Roxana. Ante sus ojos hechizados observan a los verdaderos protagonistas de estas sabanas, jirafas parsimoniosas con sus largos cuellos, elefantes elegantes y majestuosos, leones imponentes y poderosos, la migración que año con año realizan los gnus y cebras hacia Tanzania en busca de pasto fresco para alimentarse, hipopótamos y cocodrilos en la reserva de Camp River etc.
La cara más real y cotidiana entre la vida y la muerte en estas sabanas la descubren cerca del Hotel Keerkorf, donde una leona da caza a una cebra, luego de acecharla y perseguirla, comiéndola posteriormente.
Con estas primeras imágenes de la verdadera África salvaje –y como parte del itinerario-, al día siguiente se levantan temprano para ver el ritual de caza de los leones, aunque en realidad quienes cazan son las leonas atacando a su presa en grupos bien organizados. Amanece y hace frio. Muy cerca de ellos, un par de leonas acechan a su presa sigilosamente, Guillaume y Roxana mantienen la respiración y esperan, esperan, esperan…. Muy suave, Roxana dice como para sí ¨es bonita la técnica de acercamiento”. Siguen manteniendo la respiración. Un movimiento, un pequeño ruido y….. La presa tuvo suerte esta vez, las cazadoras a su pesar le otorgan a su victima tiempo extra para recorrer la sabana.
Regresan temprano para el desayuno y tras un breve descanso prosiguen con el programa, emprendiendo el camino para un poblado llamado Nakuru, capital de la provincia de Rift Valley. Se hospedan en un hotel de la ciudad y descansan de las emociones del día. A la mañana siguiente parten hacia el lago Nakuru. Un lago salado situado a 157 km de Nairobi y cercano al poblado con el que comparte nombre, siendo un importante atractivo turístico de la zona. Además es refugio de aves migratorias en especial flamencos. El corto viaje les permite a los expedicionarios tener un contacto más cercano con estas famosas aves de intenso color rosa y otros animales que habitan en el lugar, entre ellos monos, rinocerontes, leopardos, búfalos etc. Pasan la mañana disfrutando de la vida salvaje y regresan a la hora del almuerzo al hotel.
Alrededor de las 2 de la tarde, el encargado de transportarlos pasa por ellos al hotel de Nakuru para seguir con el itinerario y después de 4 horas de viaje por tierras salvajes y caminos de tierra llegan a Nanyuki, poblado puerta de entrada al Parque Nacional Monte Kenya. Sería la última noche confortable para ambos expedicionarios y el momento más esperado por ambos montañistas salvadoreños. El momento de hacer lo que más les gusta y si tienen éxito, ver ondear la bandera nacional en varias de las cimas de mayor altitud en África y de los lugares más recónditos del planeta.
Temprano por la mañana parten hacia la entrada del parque nacional y área medioambiental protegida de este país africano, que se encuentra a unos 180 km al norte de Nairobi y a 325 km del monte Kilimanjaro dirigiéndose al sur. Este es un macizo volcánico inactivo que consta de 7 cumbres, aunque las mas reconocidas y visitadas son: Lenana de 4985 msnm (metros sobre el nivel del mar), Nelion 5188 msnm, y la más alta Batian de 5200 msnm. Habiéndose conquistado su cumbre con mayor altitud por primera vez el 13 de septiembre de 1899, por Harold John Mckinder, C. Ollie y J. Brochellel.
Esa mañana la pasan en los supermercados de la ciudad en busca de lo necesario para la expedición. A las 11:30 a.m. de se encuentran en la entrada del parque del monte Kenya que se encuentra a 2650 msnm, después de viajar una hora desde Nanyuki. Toman un breve almuerzo y desde esta altura los expedicionarios salvadoreños inician la caminata alrededor de la 1 de la tarde en medio de un bosque “bastante verde y frondoso”. Mientras seguían ascendiendo la altura de los arboles iba disminuyendo y en la lejanía buscando en el horizonte poco a poco la sabana africana aparecía ante sus ojos.
Durante las 3 horas que duró la caminata hasta el primer campamento, ésta no presentó mayor dificultad, como “tranquila” la describen. Aunque también manifiestan que se volvía un poco dura en los tramos más inclinados, “ya que se llevaban las mochilas cargadas con todo el equipo necesario para este tipo de expediciones” dice Roxana al revivir esos momentos.
Debido a esto los porteadores y demás turistas “se espantaban” al ver el tamaño de sus mochilas y “quedaban mas asustados al pesarlas” dicen ambos montañistas. Aunque Roxana no desperdicio la oportunidad que en un momento determinado, uno de los porteadores encargados a su expedición le ayudara con su equipo, “de todas maneras este servicio está incluido en el pago” dice acompañada de una sonrisa.
A eso de las 3: 45 pm llegan a Old Moses camp a 3300 msnm, un pequeño refugio de madera pintado de un verde intenso y acondicionado con camarotes, baños y aéreas para descansar dispuesta a recibir a los caminantes y rodeado por el inicio del paramo; este sería el primer campamento por esa ruta en el monte Kenya y donde pasaran la noche.
“Lo fantástico de tomar agencia me ha parecido, es tener cocinero” le comentó Roxana a Guillaume, entre risas, ya en la tranquilidad del campamento mientras descansaban y se acomodaban. Al mismo tiempo que un joven llamado Joseph y cocinero de la expedición calentaba agua para té, café o chocolate y preparaba galletas y palomitas de maíz.
Con el paso del tiempo poco a poco el campamento se iba llenando de gente, todo era movimiento y energía a pesar de la caminata. Montañista, guías, porteadores en todas partes del campamento se disponían a secar ropa, revisar sus equipos y acomodarse. Los cocineros haciendo su labor y preparando los alimentos para los montañistas. Todo este ir y venir incansable de gente de diversas partes del mundo hacía sentir a los salvadoreños como en unas de esas expediciones en donde se invierten impresionantes cantidades de dinero, tiempo y equipo en lugares mucho más recónditos del planeta. La emoción se podía cortar en el aire.
Llega la noche, el ambiente se vuelve frio y el viento incrementa esta sensación. La luz de la Luna que iluminó mucho esa noche, se reflejaba en las capas de hielo que cubren las cimas del monte, haciéndolos ver más intimidantes y hermosos y al mismo tiempo provocando profundos sentimientos encontrados e indescriptibles, pasando del miedo a la felicidad, de la tranquilidad a la inquietud. Estaban agradecidos y felices de estar allí.
A las 8 de la mañana después de tomar un suculento desayuno preparado por Joseph inician la caminata hasta el siguiente campamento Shiptons a los 4300 msnm . “Ese día fue difícil, todo es travesía con pendientes una y otra vez. El último tramo es extenuante, la topografía era muy similar a la Cuesta Brava del monte Aconcagua” dice Roxana que junto a Guillaume, su esposo y compañero de aventuras han alcanzado las cumbres de otras famosas y difíciles montañas del mundo como la mencionada anteriormente en Argentina, el Mont Blanc en Francia, el Huascaran en Perú, el Volcán Pissis en el desierto de Atacama en Argentina entre otras. El primer tramo Roxana cargo su mochila, en la segunda parte David Themonk, el guía de la expedición le propuso cambiar de mochila, “ni lerda ni perezosa acepte” dice entre risas. De esta manera y con mochila de ataque pudo ponerse al paso del guía y Guillaume, pues se había quedado un poco rezagada.
Finalmente y después de 14 kms. Y 6 horas y media de caminar llegan a Shiptons Camp, un refugio de madera un poco más grande que el anterior situado en la base de los macizos rocosos del monte Kenya. El bosque prácticamente había desaparecido y el paisaje era típico de paramos con pequeños arbustos cubriendo los cerros cercanos a la ruta y caminando sobre un terreno muy pedregoso. Durante el ascenso pasaron quebradas y valles desde donde se veían las cúspides del Kenya y hacia abajo la gran planicie africana.
Desde aquí y según los expedicionarios las cumbres Batian y Nelion tienen una vista espectacular, un tanto “asustadoras” dicen. Y agregan: “los teníamos al frente como un macizo de roca a nuestra espera”.
Muy temprano por la mañana los guías preparaban la salida para la cumbre Lenana que presenta poca dificultad técnica y la más visitada por esa razón. Dividían a los montañistas de acuerdo al rendimiento que cada uno mostró durante el ascenso. Era una madrugada muy gélida y según los salvadoreños nadie esperaba tanto frio.
El primer grupo de montañistas partió a las 3 de la madrugada y los siguientes con diferencia de 15 minutos. Guillaume y Roxana dejaron el campamento a la 4 a.m. y rápidamente alcanzaron a los demás grupos. La luz de la Luna y el cielo despejado permitieron subir sin lámpara frontal –tipo minero-. El viento hacia que se sintiera más el frio y la poca aclimatación hacia difícil el ascenso. A las 6 a.m. estaban en la cumbre Lenana a 4985 msnm.
Un tanto cansados, pero felices esperaban con ansias la salida del sol y entrar en calor. Al poco tiempo el astro apareció, primero como una fina línea rojiza y purpura sobre el horizonte africano y luego elevándose poco apoco sobre este, desplegando sus dorados rayos por todos los rincones del lugar. A pesar de esto, aún hacia frio por lo que decidieron hacer la circunvalación a las 3 cumbres del monte Kenya, lo que al final de la jornada los dejo muy cansados debido a la altura, la poca aclimatación y un desayuno muy ligero tomado a las 3 de la mañana que constó de sólo un café y 5 galletas. A pesar del cansancio, el recorrido alrededor de las cumbres fue satisfactorio y recuerdan que esto “les permitió tener una verdadera dimensión de las montañas que querían escalar luego” refiriéndose a Batian y Nelion.
El día siguiente 12 de agosto, fue descanso en Shiptons camp. Guillaume había estado despierto desde temprano esperando el regreso de 2 jóvenes estadounidenses que el día que ambos salvadoreños salían para la cumbre Lenana, los jóvenes partían para la cumbre Batian.
La intención de Guillaume al esperar a los norteamericanos era intercambiar información del próximo macizo que pensaban ascender por medio de la técnica de escalada, la cumbre Batian. Cada vez que oía una nueva voz salía a ver quién era. El día pasó entre dormir, comer y socializar. Al final de la tarde decidieron dirigirse hacia la pared norte de la ruta normal para ver el acercamiento que debían realizar el día siguiente y reconocer el camino. De los estadounidenses nada.
Alrededor de la 1 de la madrugada del 13 de agosto, regresan los jóvenes de su aventura del Batian, habían tardado casi 60 horas en ir y regresar. “Pero a esa hora no fue posible hablar con ellos” nos cuenta Guillaume.
Sin haber obtenido los datos tan preciados que esperaban y sin saber aún del regreso de los norteamericanos, Roxana y Guillaume se levantan temprano, toman su desayuno y preparan sus mochilas que contenían una bolsa de dormir, las coberturas de vivac –especie de campamento que se monta en superficies verticales- , cocina, 3 litros de agua, poca comida, ropa para el frio, cámaras de video y fotográficas etc. Además del equipo de escalar como arnés, cuerda, friends y empotradores, cintas largas y express, sistemas de descenso entre otros.
A las 5 a.m. estaban listos para emprender la caminata hasta la base de la mole fría. Al pie de la roca llegan alrededor de las 6:30 de la mañana cuando el sol comenzaba a asomar, cansados después de una difícil subida por un extenso arenal y terreno muy inestable.
Al describir el lugar por el que iniciarían la escalada Guillaume comenta que “en el Batian, la roca es muy buena, de granito, con un grano muy grueso lo que hace que se pueda adherir y es perfecta para que los zapatos no se deslicen” dice.
Inician la escalada y luego de 6 pitches o largos de escalada – que es la longitud de una cuerda para escalar que puede ir de 35 a 45 m. La cuerda de los salvadoreños poseía 60 m de largo- Roxana se comienza a cansar y por un momento flaquea y tras una particular forma de levantar el ánimo de Guillaume, continúan el ascenso. A los 5000 metros de altura recuerda Roxana, “con viento, frio, nieve, poca visibilidad, prendidos de la roca como arañas” se mantienen en movimiento para conservar el calor.
Después de las 3 de la tarde, el clima se descompone y se nubla. Al poco tiempo inicia una tormenta con granizo. Buscaron un refugio temporal y aprovecharon la interrupción en la escalada para comer algo. La lluvia duró al menos 1 hora y luego que hubo cesado prosiguieron con su ruta, mojados y con frio. Aunque con el cielo despejado.
Tras un último esfuerzo y después de 700 m y 11 horas y media de escalada Roxana y Guillaume Laigle alcanzan la cima del Batian de 5200 msnm a las 5 de la tarde. “Estábamos muy felices y teníamos una vista maravillosa de las nubes a nuestros pies” dicen los montañistas. A su alrededor ya no habían mas paredes rocosas y hacia arriba solo el cielo, ya no había más que escalar.
En su cima recuerdan no haber encontrado distintivos, cruces o placas que anuncien a los montañistas el final del ascenso, lo que denota la poca afluencia de escaladores que intentan la cima por su dificultad técnica.
Luego de unos minutos de descanso y de disfrutar del paisaje, emprenden el camino de regreso, realizando 3 rapeles –técnica de descenso a través de cuerdas- hasta llegar a un lugar conocido como “the Gates of Mists” o la “Puerta de las Neblinas”.
Es tarde y está oscureciendo, pronto se dificultara encontrar la ruta más segura, por lo que se hace necesario encontrar un lugar donde refugiarse y pasar la noche. Deciden preparar una terraza removiendo rocas e instalando el vivac a 5100msnm, con la única protección de la bolsa de dormir que compartirían, aislantes y fundas para vivac.
Sin saberlo se encuentran a unos 4 largos de cuerda – extensión de una cuerda de escalada que consta de unos 60 m aproximadamente- del refugio de la cumbre Nelion. Pero reconocen que de haberlo sabido “hubiera sido demasiado arriesgado intentarlo con esas rocas flojas y mojadas, en la oscuridad y sin conocer el lugar” comentan los montañistas.
Con el campamento montado se disponen a cocinar y preparan una sopa con pastas para calentarse. Solo logran tomar la parte liquida que les brinda calor y un poco de pasta que les dará algo de energía. Pero que al final no la terminan debido al cansancio de las casi 12 horas de escalada y el frio que circulaba en el campamento. Por lo que deciden meterse como pueden en la única bolsa de dormir y esta en la funda del vivac. A pesar de todo, al asomarse y mirar hacia arriba tienen una vista maravillosa del cielo que los cobija “La noche a esa hora estaba despejada y muy estrellada, con millones de puntos brillantes en el firmamento, con constelaciones nunca vistas en estas latitudes y estrellas desconocidas, un verdadero espectáculo solo para nosotros dos” cuenta Roxana, dejando escapar una leve sonrisa apenas perceptible.
La noche pasa tranquila y el frio casi no se siente, a pesar de los -5 grados centígrados que alcanzó el termómetro esa noche y el viento que en ocasiones se paseaba por su pequeño refugio en la ladera inclinada de la montaña.
Despiertan cuando el sol apenas asomaba, alrededor de las 6 a.m. y esperan que los dorados rayos calienten un poco más su temporal hogar. Tienen sus músculos adoloridos por el esfuerzo del día anterior, pasar la noche en la misma posición y la poca hidratación. Tienen sed y la garganta seca, estiran los músculos y los ponen en movimiento poco a poco mientras preparan un desayuno suave. Ya recuperados comienzan con la escalada, que como meta en esta ocasión es la cumbre Nelion a 5188 msnm.
Parten a las 6 a.m. y tras un corto lapso de tiempo escalando en una técnica conocida como travesía –que consiste en el desplazamiento sobre la roca de manera horizontal en lugar de vertical- llegan al refugio que se encuentra justo debajo de la cima Nelion, el que no habían podido alcanzar el día anterior. Toman un breve descanso y comparan las condiciones de este lugar acolchado y tibio con el que los acogió la noche anterior. Siguen con su ruta y alcanzan el punto más alto a las 8:30 a.m. del 14 de agosto.
Las fotos de cumbre, las felicitaciones, un rato para disfrutar de su nueva conquista e inician el descenso con 6 rapeles y un gran precipicio a sus espaldas. En determinado momento, que no saben precisar, pierden la ruta y no encuentran más anillos en la roca donde asegurar el equipo y la cuerda para poder “rapelear”.
Un poco asustados y desorientados y después de discutir sus opciones deciden seguir adelante. Debido a la experiencia y conocimientos acumulados por tanto tiempo de escalar en diferentes lugares del mundo, rápidamente encuentran la solución al problema en que se encontraban e inventan “descuelgues”, no siempre los más seguros como dice Guillaume “pero ante la necesidad no había alternativa” comenta. Luego del mediodía comenzó a nevar y tuvieron que seguir toda la tarde bajo la nevada, con la roca muy mojada al igual que la ropa.
Guillaume se encontraba algo preocupado porque creyó pasar junto a Roxana otra noche en la montaña, sin comida y la ropa empapada, soportando temperaturas bajo el punto de congelación.
El momento más preocupante llego cuando se hallaban sobre un enorme glaciar con una profunda caída de unos 200m. Lugar que a los salvadoreños les pareció imposible de bajar, “fue entonces que lloramos….. Bueno aunque no literalmente pero si nos preocupamos mucho” dice Roxana al recordar esos angustiosos momentos. Decidieron seguir avanzando y realizar una travesía de unos 6 o 7 largos de cuerda dirigiéndose a una cresta apenas visible por la nieve y la neblina. Realizando pasos de escalada muy difíciles y peligrosos y tomando algunos riesgos calculados cuidadosamente.
A las 4:30 de la tarde alcanzan este punto. Para felicidad mutua observan que tras desescalar un tramo llegaran a una parte plana en la montaña y luego a un camino que alcanzan a las 5 p.m. Después de 2 horas de caminata sobre una prolongada pendiente regresan a Shiptons camp, agradecidos de seguir con vida y tener un lugar caliente donde dormir.
Aun cansados por la escalada de 2 días y las emociones que compartieron, emprenden el descenso del monte Kenya a media mañana del 15 de agosto, desde Shiptons camp con un poco de sol y viento. Estas condiciones rápidamente cambian y se torna nublado. Al llegar al Old Moses camp pasado el mediodía, empieza una fuerte lluvia que al poco rato se convierte en granizo. Esta los
Acompaña durante todo el recorrido hasta llegar a la entrada del parque del monte Kenya. Aquí la lluvia ya había disminuido pero el viento los hacía tiritar bajo sus ropas mojadas.
Minutos despues ambos expedicionarios están camino hacia el hotel en Nanyuki, que les abrigara y les brindara una ducha y comida caliente así como un necesario descanso antes de seguir su aventura en las mágicas y remotas tierras del continente Africano.
Ya con los ánimos y las energías recuperadas se dirigen de nuevo a Nairobi y se encuentran con Allan el director de Big time, para tratar asuntos relacionados con el paquete y programa de la expedición. Con todo resuelto regresan al hotel Greton, su campo base en Nairobi a secar zapatos y alguna ropa que traían húmeda de Nanyuki.
Las siguientes horas las dividen en conocer la ciudad e ir de compras, tratando de conseguir lo necesario para la segunda parte de su expedición africana. Esta vez en el monte Kilimanjaro. Los primeros rayos del sol encuentran a Roxana y Guillaume preparando sus mochilas para su aventura en el “Kili” como ellos llaman a esta mole de 5895 msnm, ubicada entre las fronteras de Tanzania y Kenia y a 300 km al sur del ecuador, siendo la montaña más alta del continente africano.
De acuerdo a datos históricos su cumbre fue conquistada el 6 de octubre de 1889, por un montañista llamado Hans Meyer y su amigo Ludwing Prtscheller junto a su guía Yohana Lauwo. Su nombre sigue siendo un enigma. Los Masai, un grupo étnico que habita la región y famosos por su bravura llaman a la montaña Ngage Ngai o la “Casa de Dios”.
Con las mochilas listas, luego de haber tomado el desayuno y después de un corto retraso los salvadoreños abordan un microbús que los llevara a Arusha una ciudad situada en el vecino país de Tanzania.
Durante el viaje de 4 horas hacia la frontera, Guillaume y Roxana cruzan caminos en muy mal estado, llenos de polvo y tierra suelta, incluyendo las áreas pavimentadas, que poseen muchos baches, de acuerdo a los montañistas. Además recuerdan que todo el recorrido hacia la frontera es “árido y con arbustos sin hojas” mencionan.
A la 1 de la tarde atraviesan la frontera sin contratiempos. Las carreteras del lado de Tanzania se encuentran en el mismo estado que en Kenya. Polvosas, llenas de baches y áridas. Toda una aventura.
“Arusha es una ciudad más desarrollada que Nairobi, o al menos así lo parece” comentan ambos montañistas. Llegan a las 3:30 de la tarde. Allí ya los esperaba un chofer que los llevara a Sakina Camp un hotel en las afueras de la ciudad. En este lugar se hospedaran hasta el momento que partan al Parque Nacional del Monte Kilimanjaro.
Esa tarde pasan recorriendo Arusha y tras 15 minutos de caminata encuentran un pequeño “bar-comedor”, entran y un muchacho del lugar les da la bienvenida a su país al reconocerlos extranjeros. Les sirve carne con papas fritas y 2 cervezas locales bien frías, “disfrutamos con entusiasmo de la carne que es deliciosa y de las cervezas bajo un gran árbol, observando el atardecer de África con sus colores rojizos y oyendo reggae africano” recuerda aún deleitándose en ese momento.
El 18 de agosto a las 8:00 a.m. ambos montañistas están listos para salir hacia el Kilimanjaro y esperan su transporte que al final sería una Land Rover Defender que se encargara de llevarlos hacia la entrada del parque donde darán inicio a la aventura. Tras unos minutos de espera emprenden el camino, pero antes tienen que pasar recogiendo a Bo Carlsson, un danés de unos 60 años, amante de la aventura y su trabajo, que desempeña como encargado de luces en un teatro de Copenhague. No se ha jubilado porque le gusta lo que hace, cuenta poco después.
En esta ocasión Bo acompañara a los salvadoreños en su expedición a la montaña más alta de África.
Con el equipo completo se dirigen rumbo a Machame Gate, puerta de entrada al parque Kilimanjaro, y nombre de la ruta por la que ascenderán.
El movimiento, energía y cierto desorden del lugar los asombra y al mismo tiempo les causa un poco de desagrado. Por todas partes se observaban vendedores de artículos diversos, desde artesanías hasta bastones de trecking, porteadores, guías, jefes de agencia, choferes etc. Pero sobre todo una gran cantidad de turistas que pretendían subir al ¨Kili”.
Todavía sorprendidos inician los trámites para entrar al parque Kilimanjaro y esperan que el equipo que llevaran los porteadores que les acompañaran sea pesado en una báscula uno por uno, pues el peso máximo que deben cargar es de 21 kg.
La tediosa e impaciente espera termina y emocionados emprenden la caminata que en su primera parte recorre un amplio sendero a través de una maravillosa jungla sumida en un mundo de niebla. Esta ruta es poseedora de una vegetación muy variada llena de líquenes, helechos, grandes arboles que se pierden en las alturas nebulosas, entrelazados en eternas e inseparables lianas y resguardados en su base con miles de florecitas como la Impaciencia Kilimanjari.
El clima era frio y seco y el sol no se animaba a salir. Con una caminata de unas 3 horas y media y a un buen ritmo debido a la previa aclimatación obtenida por los 7 días en el monte Kenya y haber pasado una noche a mas de 5000 metros, llegan a Machame Hut a 3100 msnm el primer campamento por esta ruta y ubicado en medio del bosque nebuloso.
Se anotan en el libro de llegadas y proceden a instalar el campamento, que aunque también posee una cabaña como refugio, los salvadoreños deciden montar su tienda de campaña en un espacio reservado para esto que se llama Machame Camp. A media tarde el jefe guía Joseph, les presenta al equipo que les colaborara en la expedición. Entre jefes y porteadores suman 8 personas.
Más tarde en la Tienda de Bo toman la cena “al estilo árabe” con mantel y vajilla para 3. Los asistentes se encargan de llevarles exquisitos platillos como carnes, cereales, frutas, bebidas etc. Bien entrada la noche y después de haber pasado agradables momentos junto a Bo, los porteadores y otros montañistas deciden ir a descansar, sin antes dejar pasar la oportunidad de disfrutar de los maravillosos cielos llenos de estrellas y constelaciones que no están acostumbrados a ver.
Amanece y no es necesario despertador. A las 7 de la mañana les anuncian que es la hora de iniciar a prepararse para partir hacia su próximo campamento. Los asistentes les hacen llegar recipientes con agua caliente que serian utilizados para lavarse el cuerpo y los dientes; Guillaume -dice entre risas- “preferiría utilizar el agua para hacer un té o un café antes de desperdiciarla en bañarme”. Mientras tanto los cocineros les preparan otro exquisito desayuno que incluye crepas, huevos revueltos, frijoles blancos con salsa de tomate, pan tostado con jalea, miel o peanut butter, café, té o chocolate.
Desmontan el campamento y a las 9 a.m. inician la caminata. A esta altura el bosque ya ha desaparecido y se encuentran a la altura del paramo, solo se ven arbustos pequeños, flores diminutas y rocas por todo el recorrido. Esta parte del ascenso es un tanto más difícil, con tramos muy empinados, pequeñas paredes verticales y extensos valles de lava.
Al mediodía alcanzan Shira Hut de 3840 msnm la siguiente estación de la ruta. Son los primeros en llegar y montan la tienda de campaña. Después del almuerzo y un breve descanso Guillaume se dirige a Shira Ridge una cumbre de 3960 msnm que se ve desde el campamento y que se encuentra a unas 3 horas y media de camino ida y vuelta.
Cae la noche y anuncia ser fría. Bo que portaba una bolsa de dormir de mala calidad, había sufrido mucho la madrugada anterior debido a las bajas temperaturas que se presentaron en Machame Hut. Al conocer los salvadoreños esta situación por la que pasaba su compañero danés, deciden prestarle la funda del vivac para que en esta ocasión tenga un descanso más confortable.
Otro día en el “Kili”, y la rutina de la mañana se repite, lavarse con agua caliente, desayunar, preparar el equipo y partir a las 9 a.m. hacia el próximo campamento. A esta hora parten y rápidamente alcanzan a un grupo de 35 norteamericanos y otros turistas. Guillaume decide de nuevo hacer una cumbre fuera de programa y parte en busca de este nuevo reto llamado Lava Tower que se encuentra a una altura de 4630 msnm y la describen como una torre vertical de unos 150 metros desde su base.
Como de costumbre, al mediodía llegan al tercer campamento del Kilimanjaro por Machame Route, conocido como Barranco Hut ubicado a 3950 msnm. Desde este lugar la cima rocosa y nevada del Kilimanjaro se ve como una inmensa mole esperando a los montañistas y perdiéndose entre las nubes. Montan campamento y disfrutan de la comida preparada por los cocineros. Están
Cansados por todo el esfuerzo realizado ese día y el acumulado de los anteriores. Pero el hecho de llegar temprano les permite descansar y recuperarse.
La ruta hacia el cuarto y último campamento Barrafu Hut a los 4600 msnm posee muchos tramos con pronunciadas pendientes, pasos por ríos y piedras sueltas; la altura se empieza a sentir con síntomas como: constantes dolores de cabeza, nauseas, descomposición del estomago y cansancio al mas mínimo movimiento. Además el viento y el frio son constantes. En el último tramo antes de llegar al campamento los montañista se topan con un camino muy inclinado que se perdía en la neblina y les parecía interminable. Montan el campamento en medio de la neblina, el frio y las rocas. Esa noche se acuestan temprano porque el ataque final a la cumbre lo harán en las primeras horas de la madrugada. El guía principal saldrá a medianoche con Bo. Guillaume y Roxana saldrán a las 2 a.m. con el asistente guía.
El 22 de agosto, despiertan a la 1:30 a.m. toman un té con galletas como desayuno ligero. La noche ha sido caliente para los expedicionarios, lo que les permitió descansar y no tener frio a esa hora y altura. Esto les da una inyección de confianza.Parten de Barrafu Hut a la hora pactada en una noche oscura y sin Luna. Guillaume comenta que este último tramo hacia la cumbre del “Kili” es parecido a escalar el Izalco de El Salvador en cuanto al terreno, solo que muchísimo mas largo –les tomo 5 horas en llegar a la cumbre- y difícil por el frio y la altura. Rápidamente observan en la lejanía las lámparas frontales de los otros montañistas en el camino de ascenso. Alcanzan a ver el pronunciado grado de inclinación hacia la cima, pero siguen con su paso y poco a poco comienzan a alcanzar y sobrepasar a los grupos que partieron antes que ellos y que se encuentran esparcidos en la montaña oscura.A medida que ascienden el viento va siendo más frio y comienza a ser penetrante. Tratan de aligerar el paso para mantenerse calientes. Guillaume sobrepasa a un grupo de norteamericanos y ya no lo ven. Roxana se queda con el guía y mantiene su paso y poco a poco también sobrepasa a los grupos que van adelante. La subida es interminable y Roxana dice haber sentido “raro el cuerpo”, siente sed, y nauseas “el estomago se me estrujaba y el cuerpo lo sentía bien frio” recuerda. Eran los síntomas de la altura que ella ya conoce por expediciones previas. Así que siguen sin darle mucha importancia. Aunque en algunos momentos se preguntaba si los síntomas la dejarían proseguir. El frio era lo más molesto para ascender de acuerdo a ella. El guía la miraba temblar tanto –recuerda- que le tomaba las manos y se las frotaba hasta que tomaban un poco de calor, la animaba y la felicitaba por el paso que había tomado. Cada vez veía más cerca las lámparas de las personas que se encontraban en el cráter Kibo también conocido como Stella Point a 5735 msnm donde tomarían un breve receso de la caminata. El ansiado descanso parecía no llegar. Roxana dejo de mirar hacia arriba y solo se dedico a ver el camino para no pensar en cuanto le hacía falta. “La última parte antes de llegar al cráter es la más difícil por ser un arenal muy inclinado” cuentan los montañistas. “Daba 3 pasos y regresaba 2” comenta Roxana sobre ese momento.
No recuerda cuanto tiempo paso cuando el guía le dijo: ¨congratulation you are in Stella Point”, les invadió la alegría y se felicitaron. Desde este punto solo hace falta unos 150 m de desnivel para llegar al punto más alto de África.
Buscaron donde sentarse y pensaron en esperar allí el amanecer para poder seguir caminando con el calor del sol pero eran las 5:40 a.m. y el sol saldría hasta las 6:30. El viento pegaba directo en Stella Point y aún hacia muchísimo frio por lo que descansaron unos minutos y luego continuaron. Unos pocos minutos mas y “de repente el camino dio un giro completo -cuenta Roxana emocionada- y ya no era inclinado, se sentía casi plano, con un poco de desnivel tan solo”. Esto les permitió tomar aire de nuevo. Lentamente siguieron el camino con la poca luz del amanecer que aparecía frente a ellos. Sabían que era la última parte y Roxana dice que le recordó “al Huascara sur, donde después de la parte vertical sigue solo la pampa, pampa y mas pampa. Así que me dije solo es pampa, pampa, pampa….”afirma. El sol comenzó a salir a sus espaldas y al frente vieron el cráter del Kilimanjaro y sus glaciares, también un cielo despejado y había mucha tranquilidad en el camino. Se encontraban muy cerca del techo de África.
Al poco tiempo divisó a un grupo de gente en un montículo y supo que era la cumbre. Roxana creyó ver a Guillaume, que había llegado antes, alrededor de las 6:15 a.m. Pero no estaba segura. Siguió caminando y poco a poco lo reconoció. Guillaume soportando los -15 grados centígrados en la cima, filmaba y a las 6:30 a.m. tras el último esfuerzo de Roxana, los dos esposos y montañistas salvadoreños se encontraban y se fundían en un abrazo en la fría y tranquila cumbre de la montaña más alta de África.




